El Gato Montés de las Bardenas

Dentro de la variada fauna que se encuentra en las Bardenas Reales de Navarra, existe una especie especialmente protegida que se caracteriza por la búsqueda de espacios abiertos, aislados y tranquilos; se trata del Gato Montés.
Cuando uno visita las Bardenas, realmente tiene la impresión de que es imposible que ahí habite ninguna criatura porque la quietud, la paz y lo árido e inhóspito del terreno a simple vista, parece no poder albergar vida. Pero como sabemos, la vida siempre se abre paso y justamente la variedad de los ricos ecosistemas que se esconden entre los barrancos, cuevas, cabezos, etc. del paisaje bardenero, le valieron el reconocimiento a la mayor parte de las Bardenas, como Parque Natural y Reserva de las Biosfera de manera que se pudiera lograr a partir de entonces, una mayor conservación de la riqueza natural que ahí se encuentra.
Dentro de todas las curiosidades de las Bardenas, el Gato Montés es una más de ellas. Esta especie de felino, está protegida por distintos organismos y leyes nacionales e internacionales y está catalogada como “Especie de Interés Especial” debido a la creciente amenaza de extinción.
El Gato Montés, se diferencia del gato común en que su tamaño es bastante mayor y puede alcanzar fácilmente los 8 o 10 kg. de peso y el metro de largo. Tiene unas orejas pequeñas en relación a su ancha cabeza. Su hocico es más corto y presenta unos bigotes largos, blancos, gruesos y caídos. Su cola también es una característica diferenciadora con respecto a “su primo lejano”, ésta es gruesa y termina en una bola negra con dos anillos bien marcados. No son tan llamativos como los gatos domésticos, sus colores le permiten poder camuflarse mejor en las zonas en las que habita: amarillo pardo con una línea oscura bien definida en su dorsal.
Este felino solitario, rehúye la presencia humana y busca refugios tranquilos que comparte como máximo con otras 5 hembras de su especie pero nunca con otro macho. Curiosamente, entre los machos de esta especie, se generan una serie de peleas iniciales que desde un principio generan jerarquías en el grupo que son respetadas hasta en épocas de celo y que les aseguran largos periodos de esa tranquilidad que tanto anhelan.
El Gato Montés se preocupa de marcar su territorio. Descansa durante el día y suele salir a cazar entrado el ocaso. Sus principales objetivos como presas son los conejos, pero también caza roedores, pequeñas aves e incluso insectos y anfibios. Para esto tienen muy desarrollados sobre todo el sentido de la vista y el oído además de poder alcanzar velocidades de hasta 6 km/h. Pueden llegar a vivir en libertad como máximo unos 12 años.
Los zorros, lobos, linces, grandes aves, etc. suponen una amenaza sobre todo para las crías de gato montés que cuando son adultas, se enfrentan a éstos muy ferozmente. 
El cruce de esta especie con el gato común, también supone una amenaza para la supervivencia de la especie, entre otros muchos factores.

Lo cierto es que no es de extrañar que conociendo sus características y “gustos caprichosos”, el Gato Montés, haya encontrado en las Bardenas Reales un refugio ideal para campar a sus anchas y huir de la amenaza de extinción. 
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