El Cierzo de Las Bardenas

Toda la Ribera de Navarra incluidas las Bardenas Reales, conocen bien lo que es el Cierzo por estas tierras. Con ese nombre, bien parecería que estuviésemos hablando de un tipo de mamífero o ave rapaz tan típicos entre el paisaje de las Bardenas, y no en cambio, de un viento muy peculiar y muy “nuestro”.

Y decimos que el cierzo es “muy nuestro” porque es tan típico de esta zona como hablar de la Catedral de Tudela, la Verdura de la Mejana o Castildetierra en las Bardenas. Porque el Cierzo es el viento que se genera en el valle del Ebro cuando se forma una borrasca en el Mar Cantábrico y un anticiclón en el Mar Mediterráneo debido a la diferencia de presión entre ambos, es decir, es un viento que se siente allí por donde pase el Ebro: la Ribera de Navarra, y parte de Aragón y de la Rioja. 
Dicen que de los antiguos indígenas que habitaban los alrededores del Ebro, tomaron los romanos la primera forma de denominar a este viento, llamándolo “Cercius”.
A todo el que visita las Bardenas, les llama la atención la fuerza de este viento del que ya cien años antes de Cristo, Catón el Censor -político y escritor romano considerado el padre de la lengua latina- describía de una forma muy gráfica lo que significa sentir el Cierzo: “cuando hablas te llena la boca, y derriba un hombre armado y carretas cargadas”.
En las Bardenas Reales es el responsable principal de la erosión del terreno, “es un gran artista” esculpiendo uno de los desiertos más importante de Europa.
El Cierzo es inconfundible e imprevisible. Sopla normalmente, de noreste a sureste y encuentra en el Valle del Ebro un embudo donde “recargar” su fuerza. Aunque hace acto de presencia sobre todo en invierno, puede aparecer en cualquier época del año, y tiene unas características muy diferenciadas:
En verano sopla refrescante y en invierno es muy frío.
Su fuerza “limpia de nubes el cielo”.
Activa la evaporación y seca la tierra.
Sopla de modo turbulento en movimientos circulares.
Puede alcanzar velocidades superiores a los 100 km/h.
Pero el Cierzo no es sólo un fenómeno meteorológico, también es un viento que dicen algunos: “moldea el carácter” y además ha determinado la forma de vida del lugar. En torno a él, se han escrito infinidad de poemas, libros, se han hecho obras de artes, exposiciones, conferencias, etc. Es también un gran aliado de la energía renovable, siendo una fuente ecológica de autoconsumo energético en la zona muy importante encauzada por la multitud de molinos que en los últimos años han ido apareciendo en el paisaje.

En Aragón, se tiene la creencia que este viento realmente nace en el Moncayo como queda reflejado en la jota de Carmen Gonzalo de Andrés que dice: “Yo no sé que tiene el aire que azota nuestro Moncayo, que hace a la mujer más hembra y hace a los hombres más bravos”.
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