El Cierzo de Las Bardenas

Toda la Ribera de Navarra incluidas las Bardenas Reales, conocen bien lo que es el Cierzo por estas tierras. Con ese nombre, bien parecería que estuviésemos hablando de un tipo de mamífero o ave rapaz tan típicos entre el paisaje de las Bardenas, y no en cambio, de un viento muy peculiar y muy “nuestro”.

Y decimos que el cierzo es “muy nuestro” porque es tan típico de esta zona como hablar de la Catedral de Tudela, la Verdura de la Mejana o Castildetierra en las Bardenas. Porque el Cierzo es el viento que se genera en el valle del Ebro cuando se forma una borrasca en el Mar Cantábrico y un anticiclón en el Mar Mediterráneo debido a la diferencia de presión entre ambos, es decir, es un viento que se siente allí por donde pase el Ebro: la Ribera de Navarra, y parte de Aragón y de la Rioja. 
Dicen que de los antiguos indígenas que habitaban los alrededores del Ebro, tomaron los romanos la primera forma de denominar a este viento, llamándolo “Cercius”.
A todo el que visita las Bardenas, les llama la atención la fuerza de este viento del que ya cien años antes de Cristo, Catón el Censor -político y escritor romano considerado el padre de la lengua latina- describía de una forma muy gráfica lo que significa sentir el Cierzo: “cuando hablas te llena la boca, y derriba un hombre armado y carretas cargadas”.
En las Bardenas Reales es el responsable principal de la erosión del terreno, “es un gran artista” esculpiendo uno de los desiertos más importante de Europa.
El Cierzo es inconfundible e imprevisible. Sopla normalmente, de noreste a sureste y encuentra en el Valle del Ebro un embudo donde “recargar” su fuerza. Aunque hace acto de presencia sobre todo en invierno, puede aparecer en cualquier época del año, y tiene unas características muy diferenciadas:
En verano sopla refrescante y en invierno es muy frío.
Su fuerza “limpia de nubes el cielo”.
Activa la evaporación y seca la tierra.
Sopla de modo turbulento en movimientos circulares.
Puede alcanzar velocidades superiores a los 100 km/h.
Pero el Cierzo no es sólo un fenómeno meteorológico, también es un viento que dicen algunos: “moldea el carácter” y además ha determinado la forma de vida del lugar. En torno a él, se han escrito infinidad de poemas, libros, se han hecho obras de artes, exposiciones, conferencias, etc. Es también un gran aliado de la energía renovable, siendo una fuente ecológica de autoconsumo energético en la zona muy importante encauzada por la multitud de molinos que en los últimos años han ido apareciendo en el paisaje.

En Aragón, se tiene la creencia que este viento realmente nace en el Moncayo como queda reflejado en la jota de Carmen Gonzalo de Andrés que dice: “Yo no sé que tiene el aire que azota nuestro Moncayo, que hace a la mujer más hembra y hace a los hombres más bravos”.

Sanchicorrota, el Robin Hood de las Bardenas

Las Bardenas Reales nos regalan un paisaje único, inhóspito y fascinante de aspecto desértico en el sur de Navarra que no están habitadas y que hoy en día supone un punto de interés importantísimo por un lado para el turismo que encuentra en estas tierras un lugar fantástico para recorrer, explorar y hacer deportes de aventura, y por otro lado, para arqueólogos, científicos y geólogos para los que las Bardenas tienen una riqueza sin igual en su orografía y su biodiversidad.
Pero este extenso terreno arcilloso y separado de la urbe, no sólo ha servido de refugio para aves rapaces o el gato montés, sino que durante siglos, también ha sido un lugar idóneo para servir de escondite a muchos malhechores y delincuentes de la zona que eran perseguidos por la justicia.
Estas historias de bandidos se han mezclado siempre entre leyenda y realidad y fueron la “comidilla” de los pueblos cercanos a las Bardenas durante años, mientras que hoy en día, son historias curiosas que aportan otro atractivo más al lugar llenando de” morbo” ciertos recovecos de los senderos por lo que visitar las Bardenas y también sirven de inspiración a escritores y cineastas que se han volcado en contar estas historias.
Sin lugar a dudas, un delincuente del Siglo XV es el que ha logrado mayor fama de todos –y han sido muchos- los que vivieron y se refugiaron en las Bardenas. Su nombre era Sancho de Rota al que llamaban Salchicorrota.
Toda su leyenda se forja por haber sido un prófugo de la justicia que burlaba a la guardia civil escondiéndose en su guarida, un refugio construido en una montaña cerca de Piskerra que actualmente lleva su nombre. Parece ser -o eso se quiere creer- que Sancho de Rota era el “Robin Hood bardenero”, es decir, robaba a los ricos para repartirlo entre los más desfavorecidos de la región, asaltando a todo el que pasaba por el camino. Pero a la vez que vemos este aspecto justiciero de su persona, se cuenta una repetida historia en la que se muestra un carácter frío y despiadado del malhechor. Se dice que éste mandó a construir la cueva donde se escondía, a unos vecinos y que cuando éstos concluyeron su trabajo, Sanchicorrota, los asesinó para asegurarse de que nadie sabría ni sería capaz de encontrar jamás su guarida.
Se cree también que el bandido, había dado vuelta las herraduras de su caballo para que las huellas que dejaba en su huída por las tierras de Bardenas, despistaran a la justicia.
Durante bastante tiempo consiguió burlar a la guardia del rey Juan II de Aragón y volver loco a todos los que se encargaban de apresarle, hasta que harto de sus fechorías, en rey mandó a todo un ejército en su búsqueda y captura. Cuando Sancho se vio acorralado, se quitó la vida con un puñal y su cadáver fue exhibido por varios de los pueblos limítrofes a las Bardenas como Arguedas y Valtierra, como trofeo y terminó colgado en una horca en el centro de la antigua ciudad de Tudela.

Esta historia fue la protagonista de la película “Dime quién era Sanchicorrota” del director Jorge Tur Multó rodada en 2013 y también en el año 2007, el escritor Kepa Arburua publicó su libro editado en castellano y en francés, “Salchicorrota, bandolero de las Bardenas, una novela que se basa íntegramente en la vida de este famoso bandido.

La Medieval Olite y su Castillo

A poco más de media hora de las Bardenas Reales, en la zona media de Navarra, encontramos una encantadora ciudad que es un punto clave en el mapa turístico de la Comunidad Foral; se trata de Olite.
La ciudad de Olite cuenta con todos los servicios de una ciudad moderna pero que conserva vivo su pasado medieval. Caminar por sus calles, ver toda su arquitectura, y por supuesto, en su afamado Castillo Medieval, nos trasladan sin duda al siglo XIII.
Es muy importante el patrimonio cultural e histórico que ha podido llegar hasta nuestros días en Olite, y lo mejor es ver las buenas condiciones en las que se encuentran las edificaciones medievales y lo cuidada que ha sido la construcción creciente de la nueva ciudad en torno al primitivo núcleo histórico. La simbiosis de “lo nuevo” con “lo viejo” en Olite es perfecta, todo encaja como un puzzle y el conjunto hace de la ciudad un enclave precioso y diferente al que visitar.
Esta ciudad está muy comprometida con su historia y con la cultura y a los largo de todo el año, ofrece una amplia agenda cultural con actos de distinto calado muchos de gran tradición en la ciudad y que también tienen su origen en la Edad media, y otros muchos que tienen que ver con apuestas culturales modernas y también con actividades en torno a otro de sus fuertes: su magnífico vino, que cuenta con la Denominación de Origen Navarra. 
Pero como es de esperar, los actos culturales más especiales y que atraen a mayor número de visitantes, son lo que tienen que ver con aspectos del medioevo y que se centran en su majestuoso castillo. Tal es así que sobre todo a partir del mes de junio, la ciudad no para de organizar eventos y actos culturales hasta que en el mes de agosto realiza su Fiesta Medieval en donde sus calles le llenan de mercados medievales, artesanos, música de juglares, titiriteros,… y en general, son un escenario al aire libre donde se representa la vida de aquellos años con todo lujo de detalle. 
El Castillo de Olite, era el centro de la vida en la época de Carlos III y también lo es de la de hoy en día muchos siglos después. Además de ser el atractivo turístico clave que visitan cada año miles de turistas venidos de todo el mundo, el Palacio es un centro cultural de excepción en el que se celebran a menudo exposiciones de arte, representaciones teatrales, visitas guiadas etc. 

El Castillo Medieval de Olite fue cede del reino de Navarra y es el Castillo gótico más importante de España y de Europa. Sobre una antigua fortaleza romana, el Rey Sancho VII “El Fuerte”, construyó en un primer momento el Castillo y con el Rey Carlos III “El Noble”, la obra arquitectónica alcanzó su máximo esplendor y ese estilo finalmente gótico francés. El rey y su esposa, dotaron al Castillo con todas las excentricidades y los lujos más especiales de la época, haciendo que Olite y su Castillo tuvieran un prestigio muy elevado en la sociedad y entre la nobleza europea de la época. Hacia 1512, cuando Navarra es invadida por la Corona de Castilla y de Aragón, el Castillo es abandonado y sus ruinas no fueron conservadas y reconstruidas hasta bien entrado el siglo XX, una reconstrucción que comenzó en los años 20 y no finalizó hasta 1964.

El Embalse del Ferial

Las Bardenas Reales de Navarra, este desierto tan peculiar del sur, no es sólo para contemplarlo sino para disfrutarlo al máximo y “vivirlo” si se puede, mucho mejor en familia. Y para ello, cada rincón de las Bardenas nos ofrece una alternativa de ocio diferente dependiendo de qué zona visitemos.
Al norte de las Bardenas nos encontramos con la zona de El Plano cuya orografía también tiene características peculiares que difieren del aspecto de la Blanca. Esta zona es más llana y uniforme por lo que ha permitido crear zonas de cultivo. Para el mantenimiento por regadío de estos cultivos, se construyó un gran embalse con agua traída del embalse de Yesa: El Embalse del Ferial
La climatología de las Bardenas no presenta casi precipitaciones y esto hace imposible que se creen fuentes que recojan el agua de esta zona. Las corrientes de agua naturales de las Bardenas son muy escasas y discurren por los profundos barrancos como por el situado en la depresión de la Bardena Blanca, el Barranco Grande o de las Limas, o el Barranco de Tudela en la zona meridional de las Bardenas. Entre estos dos barrancos, aportan al caudal del río Ebro un total aproximado de 19 Hm3 al año.
El Embalse del Ferial tiene una superficie de 30 Km2 y una capacidad de 8.130 Hm3 y fue inaugurado en el año 1990. En torno a él existe una zona de recreo con restaurante que te permite pasar un agradable día en familia contemplando la naturaleza y la fauna de las Bardenas. Para acceder hasta esta zona, lo más sencillo es acceder a ella por la localidad de Rada que se encuentra a escasos 5 km. del embalse.
Lo bueno de toda esta zona es que a la gran biodiversidad que presenta el paisaje bardenero, se le suma la que se ha ido creando en torno al agua del embalse se encuentran especies como la trucha, tenca o el cangrejo de las marismas, entre otros. Aquí está permitida la pesca desde mediados del mes de marzo al mes de octubre y sólo los días viernes, sábados y domingos. Pero aún así, aunque esta actividad esté reglada, es increíble imaginar el poder ir a pescar en un desierto!!!.
Así que en la zona del Plano, además de los típicos deportes que se realizan en todo el resto de las Bardenas como senderismo, BTT, paseos a caballo, rutas con Quads, etc. también podemos pescar y descansar en el área de recreo, y no hay que olvidar que aquí hay un excelente observatorio de aves.
Seguramente, es un sitio perfecto para disfrutar con los más pequeños descubriendo la fauna del lugar y en estos días tan primaverales, en los que tanto nos apetece guardar los chaquetones y salir a que nos de un poco de esos primeros rayos de sol, visitar el embalse del ferial en familia es una alternativa genial para hacer turismo por las Bardenas.

Vedado de Eguaras y su Castillo Medieval

El Vedado de Eguaras lo comprenden 1.225 ha. de terreno en medio de las Bardenas Reales de Navarra. Concretamente queda encerrado entre la localidad de Arguedas y las regiones bardeneras del Plano, Candévalos y la Bardena Blanca.  Pero todo este territorio desde siempre fue de propiedad privada. Primeramente perteneció al patrimonio real, más tarde sus propietarios fueron aristócratas hasta que en el siglo XX pasó a ser parte del municipio de la localidad de Valtierra quedando totalmente independiente de la administración que rige a las Bardenas Reales
Esta zona es un espacio privilegiado lleno de vegetación donde abundan pinares de pino carrasco y que le han valido el apodo de “oais” en medio de las áridas y abruptas Bardenas.
En 1987, unos 500 ha. dentro del Vedado de Eguaras, fueron declaradas Reserva Natural para proteger su riqueza natural y el uso que se le dé a la misma. En esta reserva, 150 ha. están destinadas al cultivo de cereal en secano y es aquí también donde se conservan los restos del Castillo de Peñaflor o Blanca de Navarra como también es conocido.
Con el fin de reforzar la frontera entre Navarra y Aragón, el rey de Navarra Sancho el Fuerte mandó a construir en lo alto del cerro, el Castillo de Peñaflor en el siglo XIII.
Curiosamente, de todo el castillo, sólo han llegado hasta nuestros días unas pocas ruinas de lo que fue esta fortaleza, pero lo han hecho de modo natural y han llegado a su estado actual producto solamente del paso del tiempo y las inclemencias del clima de la zona. El Castillo de Peñaflor es el único castillo medieval de Navarra que no ha sido nunca reconstruido o modificado desde que se construyó y tampoco fue usado con otros fines a lo largo de la historia. Este hecho hace que estas ruinas tengan un gran valor histórico en sí mismas, y que se haga necesaria la puesta en marcha de ciertas obras de conservación para no perder esta porción de la historia de nuestra comunidad de la que aún podemos disfrutar.

Existe una leyenda que dota al Castillo de un toque mágico y especial que explicaría porqué estas tierras pasaron a ser dominadas por los valtierranos y no pertenecen a la Comunidad de Bardenas. La historia cuenta que a finales del siglo XV, la segunda hija de la reina Blanca I de Navarra y Juan II el malo, fue encerrada por su padre en la torre del Castillo de Peñaflor y alimentada solamente de pan y agua como castigo a su negativa de contraer matrimonio con el príncipe que su padre le había concertado. Todas las noches un joven pastor de Valtierra le llevaba a la princesa queso y leche y ésta en eterno agradecimiento, le regaló años después de su liberación, las tierras donde se ubicaba el castillo.
Lo cierto es que nunca sabremos a ciencia cierta cuánto hay de verdad y de ficción en toda esta historia, pero todo esto hace más encantadora la visita al Vedado de Eguaras y alimenta la imaginación de todo aquel que pasea por los alrededores de las ruinas del castillo que seguramente fue testigo de acontecimientos históricos, disputas reales, celos, envidias, peligros, intrigas y estrategias propias de la oscura Edad Media mucho más estremecedoras que las que nos cuentan de la época las series históricas de televisión que hoy están tan de moda.

Carcastillo y el Monasterio de la Oliva

Si pensamos en los rincones que visitar cerca de las Bardenas Reales, en el norte, junto al término de El Paso (tan sólo le separan 5 km.), encontramos el municipio de Carcastillo que está compuesto por tres núcleos urbanos: Carcastillo, La Oliva y El Figarol.
Carcastillo pertenece a la merindad de Tudela en la comarca geográfica de la Ribera Alta y cuyas tierras se nutren gracias al Río Aragón.
Dentro del patrimonio histórico cultural del municipio destacan el Palacio del Abad “Casa del Malle”, la Iglesia de San Salvador y el famoso “Monasterio de la Oliva” que supone uno de los más importantes ejemplos de arte cisterciense en España.
En cuanto a los espacios naturales de su entorno están el Mirador de Larrate, la laguna de dos Reinos, y el impresionante Parque Natural de las Bardenas Reales de Navarra.
La vida de los habitantes de Carcastillo está muy unida a las historia de las Bardenas debido a su proximidad y al ganado trashumante venido desde los valles del norte de Navarra a pastorear en las Bardenas durante los meses de otoño e invierno. Desde la Edad Media en que se viene realizando esta actividad, Carcastillo ha sido puerta de las Bardenas por el norte para las miles de cabezas de ganado que entraban a El Paso. Hoy en día, esta localidad celebra después del 18 de septiembre día de la Fiesta de la Trashumancia en Bardenas por la llegada a El Paso de los primeros rebaños de ovejas, unos días festivos llenos de actividades culturales, mercados, exposiciones y espectáculos folclóricos para revivir la cultura pastoril y los usos tradicionales de Bardenas. 
Un punto de interés con mayúsculas de la localidad lo encontramos en el Monasterio de la Oliva que es visitado anualmente por multitud de turistas de dentro y fuera de nuestras fronteras atraídos por lo peculiar y bello de su arquitectura cisterciense.
El Arte Cisterciense tiene su origen en los monjes Cistercienses del siglo XII que concebían de una forma diferente la manera de construir las abadías y los lugares de culto. Fue una orden religiosa católica que tuvo gran influencia en la sociedad, la cultura, el arte y la espiritualidad de su época. Ellos se centraban en el rigor litúrgico y en los trabajos manuales. Para esta orden religiosa, sus abadías debían estar construidas en una extensión amplia de terreno apartado de la urbe pero que no estuviese demasiado lejano. El lugar debía permitir el aislamiento como base de una vida separada de la mundanidad, y la elevación espiritual que le propiciaba el paisaje. Éstas características las cumplía a la perfección la zona donde se levantó al fin el Monasterio de la Oliva.
Fue el Rey García Ramírez quien en el año 1149 fundó este Monasterio con monjes de la abadía Scala Dei. Después del esplendor vivido durante la Edad Media, los distintos acontecimientos de la historia terminarían por destruido. No será hasta el año 1927, cuando comiencen a reconstruirse las distintas dependencias y se restaure la vida religiosa hasta nuestros días, en los que aún viven ahí 26 monjes cistercienses con sus características túnicas blancas y su vida silenciosa de oración y meditación.
El Monasterio en sí destaca por su magnitud y su sencillez. De planta de cruz latina con capilla mayor semicircular y a los lados, dos capillas cuadradas sencillas, su estilo principal es el románico aunque conserva importantes rasgos góticos como veremos en el claustro. En su interior las obras de arte de sus retablos y la arquitectura de sus patios, etc. lo hacen sencillamente majestuoso y lo convierten en un monumento que trasciende lo religioso para convertirse en arte.

La Virgen de Las Bardenas

Todo el entorno de las Bardenas Reales tiene un encanto especial y un gran valor cultural e histórico.
Junto a las Bardenas, existe un paraje pequeño pero encantador que supone una visita obligada por esta zona. Se trata de la Ermita de la Virgen del Yugo
Esta ermita se encuentra sobre la Sierra del Yugo en la localidad de Arguedas. Gracias a que esta sierra se eleva 500 m. posee unas vistas espectaculares de las Bardenas y de la Ribera y su entorno, desde dos miradores habilitados para tal fin.
Hasta aquí se accede por la NA-134 que une Arguedas con Valtierra. En los alrededores de la ermita hay un albergue y un amplio aparcamiento y una zona de recreo donde poder descansar y disfrutar del paisaje.
La Ermita de la Virgen del Yugo de estilo gótico-renacentista, que vemos en la actualidad, comenzó a construirse sobre la base de los restos de una ermita anterior, en el siglo XVII, de la mano del arquitecto Pedro de Arrese en un primer momento y continuada en 1667 por Pedro de Aguirre. Fue su construcción posible también, gracias a los habitantes de las localidades de Arguedas, Valtierra y Cadreita que querían honrar la aparición mariana que tuvo lugar en esta zona. Según cuenta la leyenda, un pastor cojo recibió el milagro de ser sanado de su cojera por la Virgen que se le apareció cuando él quería coger un yugo junto a un árbol del camino.
Este pasaje podemos verlo representado en un relieve de piedra que está colocado en el suelo cerca de la Ermita.
Estas tres poblaciones riberas, celebran conjuntamente una romería hasta la Ermita el primer domingo de septiembre de cada año desde 1989 aunque por separado, también realizan diferentes romerías hasta el lugar en otras épocas del año. 
En el interior de la Ermita existe una talla de estilo gótico de finales de 1400, que representa a la Virgen erguida portando al Niño y que posee un gran valor artístico sobre todo porque no se encuentran en Navarra imágenes marianas en esta postura que por tradición romana, aparecían siempre sentadas. Así mismo hay otros aspectos curiosos en la composición de la escultura que no pueden pasar inadvertidos teniendo en cuenta la época en la que fue realizada. La actitud de la Virgen y del Niño es muy “humana, cariñosa y maternal”. El niño aparece de medio lado, en una postura desenfadada, sostenido por la mano izquierda de su madre, mientras ésta con su mano derecha, parece acariciarle uno de los pies al Niño Jesús. Además el Niño, tienen uno de los brazos dentro del escote del vestido de su madre como buscando el pecho materno. Todos estos detalles, unido al pequeño tamaño de la talla (tan sólo 72 cm de altura), hacen pensar en que su origen sea francés, aunque si no fue traída desde Francia, está claro que tiene toda la influencia francesa de las tallas de la época.
La Virgen del Yugo es también conocida como “la Reina de las Bardenas” o Virgen Bardenera.
La planta del edifico es de cruz latina con nave única de dos tramos. En la segunda fase de su construcción, se hizo el crucero saliente en planta y la cabecera recta.

Este es un lugar convertido en uno de los santuarios más importante de toda Navarra y por el que los Riberos en especial, sienten una gran devoción.

La Trashumancia en las Bardenas

La trashumancia es una práctica centenaria que consiste en trasladar al ganado de unas zonas a otras para aprovechar los pastos según la estación del año. De esta manera, desde las zonas altas propias de los pastos de verano, se desplazan hacia las zonas bajas para pasar los meses de invierno. Para esto se fueron creando y estableciendo rutas específicas por donde conducir al ganado, que siguen vigentes hasta hoy en día.
Desde antes de la Edad Media, millones de ovejas cruzaban la península desde los pirineos hacia el sur, dos veces al año por unas extensas vías trashumantes que llegaron a crear todo un tipo de vida, supusieron un fenómeno social, económico y cultural en la sociedad de la época.
La actividad trashumante que generación, tras generación debió adaptarse a los continuos cambios climáticos, fue además, trasformando el paisaje; y la inevitable interacción hombre-ganado-naturaleza, fue enriqueciendo cada lugar por donde pasaba.
Los avances tecnológicos que propulsaron la aparición del transporte en ferrocarril en donde se podía transportar el ganado, hicieron que a mediados del siglo XX, fuera desapareciendo esta práctica y cada vez menos pastores recorrieran a pie las vías trashumantes junto a su ganado.  
Que la trashumancia sea una práctica ganadera tradicional, no significa que sea inservible, antigua o atrasada, sino todo lo contrario. Muchos historiadores y científicos han estudiado este fenómeno durante años y se han presentados estudios que aseguran y demuestran las ventajas que produce la realización de esta actividad no sólo en la calidad de la carne del animal (aspecto íntimamente relacionado con la calidad de vida de ese animal) sino también en la repercusión tan positiva que tiene la trashumancia en la naturaleza en la que produce una gran biodiversidad.
El ganado trashumante presenta un aspecto mucho más saludable, el animal no sufre de estrés, hace ejercicio al aire libre, se alimenta de pastos diversos y casi nunca de piensos, y esto inevitablemente, mejora la calidad de su carne.
No debemos olvidar tampoco que la trashumancia es una actividad 100% ecológica y sostenible con la que ganamos tod@s.
Las Bardenas Reales de Navarra desde la Edad Media, han recibido miles de cabezas de ganado venidas desde los valles del Roncal y Salazar en busca de pasto para pasar las estaciones del año más frías. Existen distintas rutas trashumantes de entradas a las Bardenas como los pasos desde Arguedas, Caparroso, Cortes, Fustiñana, Buñel y Carcastillo.

En la actualidad el ciclo trashumante se sigue completando en Navarra y por las tierras de la Ribera se le tiene una especial consideración entendiendo la importancia de este acto en la vida de la zona. Cada año, el 18 de septiembre, se celebra la Fiesta de la Trashumancia en el término municipal de El Paso en las Bardenas Reales. Se trata de una jornada festiva en torno a la entrada de las primeras cabezas de ganado que llegan del norte a las Bardenas por El Paso y tienen lugar actos folclóricos, chistorradas populares, etc. durante todo el día. Muchos son los aficionados y curiosos que se acercan hasta las Bardenas a disfrutar de este acto y que contribuyen a mantener viva esta tradición. Durante las semanas siguientes va entrando más ganado hasta estos pastos a través de los diferentes pasos hasta llegar a ser más de 120.000 las ovejas que pasarán aquí el otoño-invierno.

¡Cuánto arte hay en las Bardenas!

Cualquier persona que visite las Bardenas Reales no puede más que quedarse maravillado al contemplar un paisaje tan singular como este. Tantas hectáreas de terreno seco, cuarteado, con todas esas formaciones irregulares y ese color blanquecino bañándolo todo… y todo parece ser otra cosa, hace que nuestra imaginación vuele. Porque pisamos sobre suelo blanco pero no es nieve, vemos muchos montículos en el camino pero no son cráteres lunares ni dunas, nos encontramos con esas grandes elevaciones que tampoco son montañas, estamos en el sur de Navarra y cualquiera diría que es algún rincón de esos inhóspitos de Estados Unidos en los que se disputaban las peleas entre indios y vaqueros. Y es que las Bardenas pueden evocarnos o recordarnos a muchas cosas diferentes pero lo cierto es que ellas son únicas, no han pretendido imitar o ser lo que no son; son impactantes, ricas como pocos espacios naturales en biodiversidad y suponen un atractivo turístico cada día más en alza.
Lo cierto es que este Parque Natural ha formado parte de la vida de la Ribera Navarra desde siempre y los lugareños han podido disfrutarla como pocos. Inevitablemente la Bardena se muestra hacia todos nosotros como un gran escenario inspirador. El recurso plástico más recurrido y que hoy en día todos tenemos más a mano, es la fotografía. Parece impensable que ningún visitante a las Bardenas se vaya a su casa sin una instantánea del paisaje. Desde aficionados, a grandes fotógrafos de todas las ramas (publicitarios, paisajísticos, etc) se han interesado por captar los mejores instantes de este desierto navarro. Existen fotografías verdaderamente sorprendentes, preciosas (como por ejemplo las del fotógrafo pamplonés Martin Zalba Ibañez). Este paraje da mucho juego a la hora de buscar una buena imagen.
Sabido es por todos que el cine y la publicidad también ha mirado hacia las Bardenas como fondo ideal en el que desarrollar las tramas de sus guiones.
Pero a quien desde siempre ha inspirado esta tierra es a los pintores. Miles de acuarelas, óleos, sanguinas, etc. se han inspirado en las Bardenas. Se han producido miles de trabajos artísticos que han llevado el paisaje de las Bardenas hasta exposiciones de un lado a otro del planeta. Trabajos minuciosos en los que el autor debe invertir mucho esmero y tiempo en lograr ese efecto de profundidad sin perder lo detalles que hacen única a las Bardenas.
Así mismo, otras disciplinas artísticas han tomado como referencia este lugar para dar rienda suelta a su arte; varios escultores también han realizado obras con temática bardenera y aquí, han encontrado también poetas y escritores, la inspiración para sus obras.
Si tuviéramos que nombrar a un artista de entre tantos que han reproducido las Bardenas, seguramente pensaríamos en el ya desaparecido Antonio Loperena que nacido en la localidad de Arguedas, “puerta de las Bardenas”. Él fue un privilegiado conocedor de estos lugares y desarrolló su arte de apoco mientras ejercía de ganadero por estas tierras. En Tudela a sus 33 años, abrió un taller de escultura y pintura y sus trabajos en la Ribera se cuentan a cientos y su buen hacer le valió el recibir varios premios y el que sus obras fueras expuestas en varios continentes. Su pasión eran los toros y sus amadas Bardenas en donde existe una única escultura hecha por él y dedicada al Pastor. Además de su extensa colección de obras, Antonio nos dejó a otro artista inimitable en su hijo Ismael Loperena. En Ismael reconocemos las enseñanzas de su padre pero también una personalidad nueva, fresca y muy suya llena de color y vida, Sus obras son también admiradas y han formado parte de exposiciones en distintas ciudades de la geografía española y en países del extranjero como Estados Unidos, Alemania o París entre otros muchos.

Ismael Loperena cuenta con una exposición permanente en las instalaciones del Hotel Rural Suite de Cascante que posee obras suyas en cada Suite-Apartamento y otras obras estratégicamente colocadas por todo el extenso complejo rural.

La Bardena Prehistórica

Las Bardenas Reales son un desierto totalmente deshabitado pero ¿fue siempre así?
¿qué sabemos de la vida en este lugar de hace millones de años?
No es difícil pensar que incluso antes de la existencia del hombre, en la era de los dinosaurios, por aquí anduvieran también, estas sorprendentes criaturas que podían llegar a vivir más de 100 años.
Lo más probable es que no tengamos constancia de esto por no haberse hallado huellas fosilizadas de dinosaurios por las Bardenas pero está claro que este hecho es casi imposible debido a la constante erosión del terreno.
Aún así, arqueólogos y paleontólogos se han interesado desde hace décadas en descubrir el pasado prehistórico de las Bardenas Reales y se ha estudiado el terreno en varias ocasiones. Estos estudios han dado como resultado el hallazgo de varios yacimientos arqueológicos de la Edad de Bronce (2.000 a.c.) como el yacimiento Puy Aguilar en la Bardena Blanca más próxima a Aragón, y los Monte Aguilar y Monte Aguilar II en la Bardena Negra también en la zona próxima a la ciudad de Zaragoza de los que se rescataron restos de cerámica campaniforme. Después de estos, otros estudios contaron un total de 18 lugares por todo el territorio de Bardenas, que cuentan con yacimientos; de éstos, 16 muestran la vida cotidiana en la zona habiendo hallado restos de hogares, muros, molinos de manos, etc. También se encontró un yacimiento sepulcral: El Dolmen de Tres Montes, y en la zona de El Fraile hay uno más cuya funcionalidad no está muy clara.
Gracias a estos descubrimientos se pudo demostrar que las Bardenas Reales no siempre estuvieron deshabitadas como en su historia más reciente, sino que el hombre prehistórico encontró refugio en este lugar.
Pero a pesar de que probablemente hasta los más estudiosos hubieran descartado encontrar en las Bardenas ningún resto más antiguo a los hallados hasta ahora, en el año 2004, esta idea dio un vuelco completo sorprendiéndonos a todos. Un vecino de la localidad de Fontellas que reparaba unos daños en las Bardenas usando una retroexcavadora, removiendo el terreno, se topó con el hallazgo más importante hasta el momento. Se trató de un conjunto que contenía cáscaras de 5 huevos de una especie desconocida hasta el momento (parecida a un flamenco) que cuenta nada más y nada menos que con la friolera de 18 millones de años de antigüedad. Este descubrimiento ha sido catalogado como el nido fósil más antiguo del mundo y ha despertado la curiosidad de científicos de todo el planeta que se han interesado en estudiarlo en profundidad.
18 millones de años corresponden con el comienzo del periodo mioceno, la cuarta época del periodo terciario, en el cual se formaron las grandes cordilleras como los Pirineos o los Alpes. En esta época existían mamíferos de grandísimas dimensiones que pasaron a sustituir a los dinosaurios de la era Mesozoica en la que se extinguieron.
Seguramente aún queda mucho más por descubrir en las Bardenas y el día menos pensado, esa misma constante erosión que desprende la arenisca del terreno, levanta por si sola restos de un pasado de miles de millones de años acrecentando aún más la riqueza que encierran las Bardenas Reales de Navarra.